La poesía es liberación

La poesía es liberación

sábado, 20 de junio de 2015

Estábamos en la cocina.


(Esto lo escribí hace aproximadamente un año. Nunca me animé a publicarlo. Pero este es un año de cambios. Y el primer cambio que quiero fermentar en mi vida es el de no privarme de compartir todo lo que más pueda. Las palabras son semillas; y quiero que mis semillas sean juguetes del viento. Si caen en tierra fértil, bienvenido sea.)

Estábamos en la cocina, nada extravagante ni fuera de lo común. Un silencio ameno surcaba nuestros labios, mientras el correr de la canilla hacía juego con el lavar de los platos. Era una madrugada fría. Fría, tan fría que se empañaban los vidrios. 

No podría asegurarles que sintiera el paso del tiempo, él lo congelaba todo. Era como un viento gélido, tan gélido; y yo y mi tiempo un agua tan corriente, tan corriente.  

-¿Querés un té? - dijo con su profunda, pero amable voz. 

Se aceleraron las agujas de mi reloj, mi pulso urgió hasta los más insospechados límites de la insanidad y me derretí, como el agua corriente. Tantos cambios de temperatura me afectaban; parecía una criatura indefensa en un desierto. Pensándolo bien, él era un desierto: imponente, hostil, cálido. 

- S-sí. - titubeé 

Cerramos las canillas al unísono, miramos los platos relucientes. El reloj marcaba las tres. Me senté en la mesada y lo contemplé. Su barba enmarañada y su pelo enrulado. Sonreí, él era todo un personaje. Oh, pero lo que más me gustaba de él eran sus ojos, oasis en medio de semejante desierto.  
¿Cuántas analogías más usaría sobre él? Me permitiré sólo una más, pero no sin antes escrudiñar hasta el último retazo de piel visible, cada cabello, cada respiro. Él era para mí, una fuente inagotable de identidades, cambiando con cada mirada fugaz.  

Notó que lo estaba mirando, y sonrió con picardía. La tetera hirviendo nos alejó las miradas, dejándome con ganas de más de ese oasis. Preparó los tés y se acercó a mí.  

 -¿Le pongo azúcar? - dijo escudriñándome a los ojos 

-No. Algunas cosas me gustan amargas. 

-¿Como cuáles? 

-Como el amor. - olí el vapor del té, y le di un sorbo. Hice una mueca, estaba muy caliente. Él rió. 

-¿Estaba caliente? 

-Algunas cosas me gustan así. 

-Cuando decís eso me veo obligado a preguntar: ¿como cuáles? 

-Bueno, hay muchas. Podría decirte que el verano, el desierto y... 

-Y... 

-Vos.  

(Dedicado a mi niño del fin del mundo.)


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